En Chile, los estudiantes son los actores más importante de todo su escenario, ya sea mediático como el público, luchando por su educación. Ahora bien cuanto que significa tener educación, ser educado. Es un escenario muy particular, ya no son los docentes quiénes están en esas marchas, en esas palabras que transmiten, que arrojan una euforia, un deseo social, que no deja de acabarse sino que cada vez aumente cada vez más y no será reprimido en sus mentes ni en sus corazones. La policía, el gobierno chileno no dan un paso atrás y menos aún darán un paso atrás los estudiantes, grandes héroes de esta lucha, de esta infinita pelea por conseguir que se cumplan sus deseos sociales-educativos.
Estos estudiantes no son sujetos cómplices y mucho menos seguidores, en tanto a las reformas y a los dichos de su Presidente de la Nación chileno, Sebastián Piñeira. Sus oídos, sus ojos, sus rostros, sus movimientos no son en vano sino que resultan ser una experiencia social y estudiantil que marca a muchas generaciones.
Sin embargo, el poder político siempre se encarga de disminuir esos pasos gigantes, esas huellas estudiantiles que fueron heredados por otros sujetos que se sintieron identificados por la resistencia ante la desigualdad social, desencadenada por el capitalismo, hacia la venta de la educación como una mercancía, imposibilitando, simplemente, el cumplimiento de los derechos humanos universales. Ya se trate de los indignados en España, en Estados Unidos, en Colombia, en México, en Venezuela, entre otros movimientos sociales actuales. Ante todo este escenario, se construye un fuerte rechazo al capitalismo, a la venta de la educación como una mercancía donde los estudiantes son los clientes y el poder político se transforma en el burgués de este mundo educativo capitalista. ¿Qué ocurre con la conciencia social que se renueva ante los cambios dinámicos que atraviesa este mundo global y capitalista? ¿Es la misma que fue analizada por Carlos Marx en el siglo XIX?
No es nuevo este rechazo a este modo de producción, a estas nuevas relaciones sociales de producción pero aquello que marca una diferencia es la amplitud en qué se desarrolla su resistencia, evitando que la hegemonía ampare en contra de sus intereses.
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